“A Punta de Palabras” Adelanto editorial antología de Raúl Ortega Alfonso (Colección Atocha de Literatura Hispanoamericana)

“A Punta de Palabras” Adelanto editorial antología de Raúl Ortega Alfonso (Colección Atocha de Literatura Hispanoamericana)

Las mujeres fabrican a los locos

 

Las Mujeres fabrican a los locos

nos mantienen gorditos

con los trasplantes de los vellos del pubis al bigote

con la historia de pechos blanquecinos tras la tela mohosa

(Sacamos el cuerpo por la ventanilla para verlas pasar

y un camión nos arranca la cabeza)

Algunas      te envían un carnicero a trabajar dentro del corazón

otras      te alimentan con una cucharada de sal

después te llevan a correr por el desierto hasta llegar la noche

y prenden entre sus piernas un farol del que gotea agua

 

A ellas les debemos

la humedad más perfecta derretida en la cara

las únicas vacaciones tranquilas que se pueden pasar en esta época

nueve meses en el hotel más confortable

 

Adoro las que habitan los prostíbulos

algún día me iré a vivir con ellas

les fregaré los platos para que puedan menstruar plácidamente

copularemos en el aire

y los niños caerán a la tierra con los dientes afuera

 

Vino a buscarme la pandilla de los libidinosos

les dije

ya habrá tiempo de llenar los colchones de espuma

es hora de cambiar el miembro por algún extintor que las proteja

porque nos vamos quedando sin piezas de repuesto

No basta antologar la boca en numerosas pelvis

ni agradecer el sabor a cobre y peces adobados

si a veces parecemos esquimales sin poder derretirnos sobre ellas

por temor a enterrarnos una esquirla en las nalgas

 

Me llora un ojo

el otro habita en sus rodillas vigilando la altura

Cuándo podré tirar los espejuelos que tienen amputada mi memoria

Con caderas me funciona el cerebro

pero me falta fondo donde anclarlas

 

La eyaculación pide el último de los desempleados

sus guerreros añoran las costas de sol gelatinoso

Todo el aire de la noche cabe en una botella de vinagre

Se aburre la lengua de su propia saliva

mientras que la demencia hace guardia en las esquinas por donde asoma el muslo

y solo aparece el muñón sobre la rueda

y solo aparece el fémur sin la envoltura

 

Las Mujeres fabrican a los locos

y preparado estoy para un encierro interminable detrás de cada pierna

pero hay otros gritos en el aire

que no me dejan concentrarme

**

El agua incendiada de la memoria

La memoria son los ojos sacados y vueltos a insertar al revés en el rostro / el espejo redondo donde uno se revuelca / el último vagón que se desprende de un tren de carga que sube la montaña / la escupida tirada contra el viento/

De nada sirve dinamitar el puente después de haber cruzado / si quedan centinelas esperándote a la puerta del útero / para invitarte a crecer contra los techos que se van derrumbando / para coserte la garganta con el hilo podrido de la angustia / para evitar que vomites todo el mar que te metieron dentro/

Puede que al otro lado / te envuelvas en las luces de una serpiente ciega / te hagas la cirugía / domestiques el agua en forma de colchón y duermas sobre ella / o trates de olvidar a la mujer que en una isla pare los peces muertos/

Pero todo es en vano/

Siempre estará asomando esa cara de triángulos que te hizo el encierro / esa máscara hambrienta que muerde los recuerdos como si fuera un buey atornillado a una carreta que le faltan las ruedas/

No se pueden enterrar los lugares donde uno fue descuartizado/

Los fantasmas no saben despedirse/

**

Dos puntos y seguido

¿Puta? ¿Quieres ser puta? Adelante, hija mía, yo te apoyo: al final la dignidad es otro cuento. Del amor, ya sabes: tómalo como es: limosna de la risa sobre un espejo negro. Y de la libertad nada puedo decir: también conoces que no existe, pero nunca le entregues a nadie la única rendija que te dejen: ni a la cárcel por matar a tu padre si te quiere violar, y nunca, pero nunca al matrimonio: la forma más terrible de conocer a qué saben nuestras miserias íntimas. De la droga solo te advierto que embrutece y hay que estar vigilantes: no son pájaros sino cuchillos los que vuelan. Si prefieres estudiar, también cuenta conmigo: a veces con un poco de suerte podemos evitar el pisotón aunque no hay garantías contra las patadas que te toca por la parte del prójimo. En la cama respeto a quien elijas: hombre o mujer, lo que desees, pero no le concedas al tiempo la dignidad de la vejez: no hay nada más triste que una vieja lesbiana o un viejo maricón: frente a un espejo se ve la cara de una hiena. De la maternidad solo un consejo: olvídate de ella: para qué despertar a los caníbales, repetir el suicidio: ¿acaso no te basta con mi ejemplo?: un cínico es aquel que deja la desdicha como herencia. De Dios no quiero hablarte: tú sola lo sabrás: ¿a cuántos de tus amigos violó el cura del pueblo cuando eran unos niños, hasta que por sus méritos fue removido a cardenal y ahora espera en su tumba feliz, sonriente porque ya sabe que será canonizado por el milagro de provocar las hemorragias en la virginidad de la inocencia?

Solo te pediría un último favor: nunca te conviertas en fan: ni de nadie, ni de nada ni de ti misma. El fan es uno de los seres más despreciables del planeta; incluso más repugnante que un político. Sé que es un animal al igual que nosotros, pero no tiene patas, y cuando decide arrastrarse tampoco posee la majestuosidad de la serpiente: se arrastra con la lengua, la histeria, y esos griticos asquerosos frente a los impostores que se proclaman dioses sobre los escenarios o de aquellos que se especializan en el manejo de una pelotica.

Podría decirte tantas cosas: pero basta. La palabra empalaga como ese dulce de frutabomba que me hacía tu abuela.

Ya estás lista para salir al ruedo.

Yo me quedo escondido, como siempre: maldiciendo.

***

Todos los libros de la Colección Atocha de Literatura Hispanoamericana pueden ser solicitados a las librerías Sin Tarima (www.sintarima.es) La Fugitiva (www.lafugitiva.es) La Canibal (www.lacanibal.net) Envíos garantizados, más económicos. A punta de palabras (ISBN: 978-84-606-8620-0) Prólogo Rita Martin. Imagen de cubierta, Carlos A. Díaz Barrios.

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