“Del Glosario de la angustia de las influencias”. Un cuento inédito de Ariel León

“Del Glosario de la angustia de las influencias”. Un cuento inédito de Ariel León

Cervanteo 1. m. Fingir que se va directo al asunto y distraerse de por medio. Cervantear una novela; doblar la trama de lo que se esta diciendo hasta sacar la punta por la parte opuesta. Cervantearse la existencia; complicarse la vida, embrollo pasajero y modesto donde cada cual vive lo que el otro escribe. “Cuando pensamos que Cervantes llevó a cabo con una sola mano lo que hizo nos viene de maravilla ser escritores segundones”, escribió Joyce, cuando comenzaron sus siestas inquietas de los años 20. Al inicio el irlandés había evitado como podía “las incursiones del precedente ilustre”. Unos meses después, sin avisar, apareció con una cara famélica y una barba de varios días en el gabinete del doctor Truth, que vio enseguida en el estado físico del novelista que la cosa no era de juego. Truth le pidió enseguida que se sentara.

– Cuénteme qué pasa, señor Joyce.

Desde hacía meses el autor irlandés venía soñando, dos, tres, le dijo, a veces hasta cinco o seis veces por semana, conoueños extremadamente inquietos un hombre flaco y enjuto que llegaba sin avisar a su casa, entraba y subía a su dormitorio, muy alto él. Llegaba siempre como a las dos gritando que se dejara de tanta estilería sonora,

– ¡vas a ver que me concentro un poco y te voy a mostrar enseguida como se escribe una novela!

Dicho lo cual, ponía en ristre un brazo medio paralizado y se ponía a caminar por la habitación. En unos segundos, sin embargo, aquella mano comenzaba a replegarse poco a poco sobre sí misma hasta convertirse en una protuberancia lunar veteada por la luz de la lamparita, regalo de su hermana, que tenía Joyce esquinada en la mesita de su cuarto. Moviéndose como un bulto introvertido que iba de aquí para allá, durante varios minutos, contaba Joyce, hasta detenerse en la esquina de la cama. Ahí empezaba lo peor; tomaba por sorpresa, un bolígrafo de la mesa y se lo hundía bruscamente en el muñón. –

Mantengo la vista baja pensando que el muñón va a sangrar de un momento a otro, confesaba el escritor irlandés,

– pero no pasa, doctor Truth, ¡nothing comes!

AdivinabaEl escritor irlandés vV

La sombra quieta bajo el silbido insistente del bolígrafo y el ruidito que destilaba la prosa descarada del manchego en los cuadernos le ponían los nervios de punta. Las primeras veces el irlandés podía soportar aquél garabateo durante más de un minuto. No había querido pedirle ayuda al doctor Truth, tenía un temperamento macizo y había preferido esperar. Ya pasará, se dijo. Pero las noches eran cada vez mas violentas y el solo chiflido de la tinta en los pliegos lo enloquecía. El hombre magro había terminado por aparecer en la puerta de su cuarto ya con la pluma hincada en el bulbo de carne y se había puesto a escribir no solo sin parar, gritaba Joyce, sino sobre todo ¡sin la menor dificultad!

– ¡Just like that! doctor Truth!

El sonido desesperante que provocaba el roce de la punta de aquél bolígrafo acelerado terminaban por despertarlo en plena penumbra. Abría los ojos en medio de una oscuridad densa como un tintero colmado, tanteando un poco de lucidez en aquella habitación que más negra no se podía; mantengo las retinas alertascomienzo a tratar de gritar, , doctor, le confesaba Joyce al profesor Truth, me palpo rápido los brazos en la oscuridad con la esperanza infantil de hallar uno de ellos un poco inmóvil, de ser posible el izquierdo, y poder escapar al menos por unos minutos de mi segundón idilio con la representación de la realidad.

– Qué me dice, doctor, preguntaba inmediatamente Joyce el ojeroso.

Norman Truth terminó por sentir una rara piedad frente aquél rostro enclenque de tantas horas sin sueño, aquella tarde él también estaba cansado, la fatiga pudo más que la profesión y eligió esa vez no andarse con rodeos; en cualquier latitud del mundo, señor Joyce, todo hombre de letras mantiene tirada en un camastro y encerrada bajo llave, en el rincón más recóndito de su memoria, una bestia manchegahombre con un brazo anquilosado que puede despertarse en cualquier momento y ponerse a delirar con una vehemencia furtiva cuando uno menos se lo espera.

***

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