“La Tentación de la Fe” Un capítulo de la novela de César Álvarez Bernal (Colección Atocha de Literatura Hispanoamericana)

“La Tentación de la Fe” Un capítulo de la novela de César Álvarez Bernal (Colección Atocha de Literatura Hispanoamericana)

Bajo el bostezo de dios

“Hijos del alma mía:

Hoy supieron que eran hermanos. ¿Cómo aceptar no haberlo sabido antes, no verlos crecer juntos? Están lejos uno del otro, y será difícil que puedan unirse.

Vivo también separado de mis hermanos. ¿Cómo entender a este padre que partió un día de donde nació, al Norte que le habían enseñado a odiar, a “un país blanco sin fin”, de donde no será nunca, sin querer regresar allá, a donde ya no pertenece, convencido a la mitad de su vida, que no es de ningún lugar?. ¿Qué puedo yo decirles de mis temores, de mis culpas? ¿Cómo poder enseñarles a amarse de lejos, después de tantos años, y sin hablar la misma lengua?

No pido que me perdonen, quiero solo contarles mi época, que ha sido más que un instante. Me llega en las noches de invierno, disfrazada de pena, como enorme y regordeta bruja. Confundido oigo sus carcajadas, sus gritos, sentado en la cama le sonrío, no le temo, evoco, ella se revuelca de rabia, me susurra veneno de pasado, le lanzo recuerdos como ladrillos, retorciéndose, intenta matarme, agotada de mi insomnio se pone a llorar, la beso dulcemente, se muestra como quiero verla, con velo de nostalgia; entonces, le hago el amor.

Oirán siempre hablar de una Cuba que nadie entiende, que todo el mundo quiere imaginar, de la que debemos contar todos, vencedores con orgullo, vencidos con odios, desterrados con vergüenza o sin ella, catárticos escritores de impecable prosa, y los que la vivieron de maneras diferentes, desde sus circunstancias, ¿cómo describirla si no?

En estos momentos la nación sigue en sombras, cuando todo el mundo habla de una luz de “democracia”, mientras se encarcelan hombres de la palabra, solo por decir sus verdades, pensamientos que hieren al dictador poderoso. He asistido a la disputa entre poetas de mi infancia, bajo el bostezo de Dios. Mi país que primero amé, luego odié, y ahora no sé recordar, padece. Hoy todavía, oí los gritos, vi imágenes pasar, se repetían unas y otras, me desgarraban unas y otras. Yo las vi, Dios lo sabe, Dios sabe que las siento, ahí están. Hay una mujer, primero una mujer sufriendo, luego un hombre y un duelo. De pronto, una multitud gritando, golpeando, riendo, ardiendo en plena masacre, sedientos de recompensa. No puedo apagar los gritos, porque salieron de mí también años atrás. Ahí están altos, muy altos, cada vez más lentos:

– “PIN PON FUERA”, ahí están, “PIIINNN POOOONNN FUUUEEERAAAAA…”

No puedo saber de dónde vengo, ni tener la seguridad de hacia dónde voy. ¿Qué puedo legarles que no sea lo que viví desde mis circunstancias? Yo, vencedor y vencido, desterrado con vergüenza o sin ella, catártico de mala prosa, que vivió su tiempo, como lo sintió.

Hacen los grandes hombres sus biografías, héroes con pequeños errores, como humanos al fin, o como dioses sin tachas. Publican sus memorias los que tienen algo importante que contarle al mundo, los que han vivido la miseria, la tortura, el hambre.

Nada tengo que ofrecer, ni preguntar puedo. Solo les escribo, sin comprender mi verdad, porque la debo.

Sé de ustedes, de sus sonrisas, sus corazones enormes, tiernos. Sé de sus sueños, de los míos, los misterios, los cuentos y las canciones que puse bajo sus almohadas durante todos estos años. Sé cosas de la nostalgia, del alma, y de la locura ¿¡qué no sabré!? Sé de sus recuerdos como sé del mar. Sé de lo profano como sé de Dios, de la excomunión, del pecado, de los rencores y del miedo como no sé del amor.

Marché un día a una guerra, sin ser soldado, a seguir los pasos de un bisabuelo mambí, de un padre guerrillero, porque lo importante era, “jugar con la muerte”. En esa saga éramos David, “el hombre nuevo”.

Viví simplemente, en una generación dispersa, sin camino, que creció creyendo, como todas, ser la elegida, y fue por el mundo pidiendo prestadas las patrias de otros. Como sobreviviente de un siniestro que solo parte cargado con escombros de sueños.

Vivan con todo el derecho a la libertad y al amor. Yo, con recuerdos que les cuento hoy desde, una noche, en un rincón de nuestra América que, como mi infancia, fue algo más que olor a tabaco y al naranjo, que, como mi tiempo, más que un instante, una eternidad oscura; un lugar remoto, sin sombras, sin luz al amanecer.

El amigo terminó de leer aquella carta, miró algunos minutos la foto de la mujer que no lograba identificar, la puso nuevamente sobre el colchón, salió del apartamento, arrancó el cartel del Ministerio de Sanidad, y se retiró a su hotel.

***

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La tentación de la fe, ISBN: 978-84-606-5469-8. Palabras de Amir Valle en la contracubierta. Obra exterior de Javier Gazapo. Imagen cubierta interior de C.A.B.

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