Tres poemas (inéditos) de Aramís Quintero

Tres poemas (inéditos) de Aramís Quintero

Los vasos y la flor

 

Lo deleznable, lo fortuito, lo efímero, es el vaso.

Cristal de roca, porcelana, alabastro, no importa:

es barro, es pasajero.

Sólo la flor, que pasa de uno a otro

y ve cómo se quiebran y deshacen,

permanece ella misma.

(Cambia de un modo diferente, imperceptible).

Sólo ella les da nombre y los recuerda,

los ambiciona o los detesta,

y ha de aprender a estar en ellos como en la pura tierra,

y a trasvasarse como quien sigue en tierra

y nunca ha estado en otro sitio. Pues así es.

Los diferentes vasos, bueno es reconocerlo, destellan

de algún modo y hablan. Hay que verlos y oírlos.

Pero esa luz, ese rumor, son un eco, un reflejo

de la intemperie espléndida y cegadora.

Su abismo atrae y paraliza, es verdad, y el pobre vaso

parece más acogedor. Pero él no es nada, y ella,

la flor que pasa de uno a otro, acaba por saberlo.

Y más aun: ella tampoco permanece.

Esto es lo principal: ¿quién es ella? ¿Qué es ella?…

¿Será la aureola frágil de los pétalos,

por la que todos la conocen y desde luego se engañan?

¿El tallo de dudosa firmeza?

¿El corazón, que guarda un néctar

dulce para unos abejorros y amargo para otros?

¿Que guarda un polen fertilísimo

que no sabe jamás dónde cae?

(El vaso se diría más cierto, y que la sobrevive).

Ella no es el polvillo finísimo y oscurecido

que se acumula en torno del vaso, y al fin

también desaparece.

No es lo que ha sido. No es lo que hemos nombrado. Ella es

infinitamente más leve y duradera.

Lo que ella es,

está en la vasta, prodigiosa intemperie.

**

Figuras

.

Figuras en los techos y paredes,

almas de la humedad, de las raídas

capas de la pintura, sucesivas

como los años de un menesteroso,

 

perdónenme: he perdido ya la memoria

de ustedes, que un día

dejaron que yo las descubriese

y las mirase y remirase a mi gusto

y les pusiese nombre y señalase, haciendo público

lo que era íntimo, callado. No sé

si les di una alegría que esperaban

o amargué su existencia: una existencia

perpleja y azarosa como la nuestra.

 

Perdónenme el olvido

después de tanta compañía.

Desde el cielo

cambiante y siempre el mismo de mis ojos,

¿soy el dios que las hizo

y las ha abandonado

para toda la eternidad?

 

¿O están todas ocultas en mi memoria,

esperando volver a iluminarse, en un desfile

glorioso, interminable, cuando abandone

el último de los cielos transitorios?

 

Tú, figurita de mujer, esbelta,

que miras siempre al mismo sitio,

a donde yo no veo nada,

con el cabello al viento.

Y tú, gigante

fragmentado en mil partes,

cada una de las cuales es otra cosa.

 

Caritas divertidas, azoradas, furiosas.

Fauna del Bosco, criaturas

solares y abisales,

perdónenme.

Bien sabe Dios que las he amado.

 

(No sea yo la criatura

mirada y remirada,

y después olvidada

para toda la eternidad).

**

Cine silente

 

Rostro que se disuelve, ¿sabes

si tus velas despliegas hacia un alba

oscurecida hasta perderte, en el sonoro

silencio de otra época? Gustamos

este piano, esa prisa

que no podían evitar y le daban

ligereza a la muerte, y al sombrío drama,

como si nada fuera cierto y lo fuera

más hondamente, en el juego.

Cada vez más distantes y aturdidos, perdemos

entre el humo y la luz aquella tierra

presurosa, inocente, maravillada,

y conquistamos otra, la que el tiempo

nos quiere regalar, en otra espuma.

Perdida y nuestra es esa lluvia,

ese humo luminoso que hace mágicos

los oscuros paraguas, el empedrado

por donde van airosos los carruajes

seguidos de la muerte, que viene aullando

sin voz. En las esquinas,

alguien pega carteles, y se aleja

mientras la enorme sombra y el silencio

hacen temblar la callecita vacía.

Con qué graciosa prisa iban

los señores galantes y las damas,

con qué terrible prisa luego, desalojando

el espacio irreal, que una furiosa mano venía barriendo.

De aquellos remolinos emergen

estos rostros, nimbados en la sombra,

como si un azorado y conmovido Leonardo

los hubiera entrevisto

a las puertas del fin, rodeados ya de ángeles y demonios.

***

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