Tres poemas (inéditos) de Javier Iglesias

Tres poemas (inéditos) de Javier Iglesias

BRINDIS AL NO-SER

.

Bebo tormentas que derrumbaron

el último puente,

el ilusorio que fundiría la nada

con la palabra quizás

en la ciudad de la persistente neblina

que nace del miocardio.

Alzo mi vaso y brindo con-por el vacío

en un inútil acto de querer escapar de los espejos

aunque sé que sigo enfermo de ti

y que sólo la caricia naufragada

podría sacarme de éste bar

devolviéndome a tu sexo,

el mejor reposo de mi cuerpo.

**

ROPAS DE VERANO

.

Cuando no era lo que ahora soy

– una pregunta-

No pensaba en el blanco

como vacío

o total ausencia de color.

Ni en andar solitario

– que no significa soledad –

Por esta calle que me acompaña

hasta la mesa del bar donde los amigos

se inventan héroes de doncellas

que usan la acera como pasarela

a pesar de Ipanema estar lejos

algo que poco les importa

a los poetas amigos

-o a los amigos poetas-

Pues cualquier muchacha

puede venir, pasar y ser

la musa que los inspire

-Lolitas tropicales-

de pocas ropas en cuerpos imberbes

-bendito calor-

Pero que no llevan tu rostro

ni guardan el silencio de tus palabras,

pues desconocen que el arcoíris

es la mejor parte de la lluvia,

antes que el sol

excomulgue todos los horrores,

mezcle las tonalidades

y dibuje tu silueta

en forma de palabras

en esta hoja llena de ti.

**

ARQUEOLOGÍA DE LA HISTORIA

.

La casa puede ser un país,

pero no es,

espejos con lágrimas/pinceles

que duelen en la piel más que ayer

zapatillas descalzas, huérfanas de sueños.

Las paredes cuelgan en los cuadros,

gritan para el espacio que no aceptan,

parece el fin pero sólo es una pausa,

el instante en que el gato ocupa la silla,

no sé quizás sea un tigre que perdió las rayas,

como yo perdí los ayeres.

Azul ya no es el color,

la intimidad de lienzo asusta, duele, persigue

tal vez es la hora de parir,

de mandar todo para la mierda.

La ciudad es otra, un cuerpo frívolo,

prostituta de concreto,

mi infancia está en calles distantes.

Cuál es mi precio sino tengo apellido,

pintar al vacío, bailar sólo en la memoria.

Ver esa mujer con cara antigua,

Nefertiti que conversa con el felino

y se olvida de la ventana.

***

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