Tres poemas (inéditos) de José René Rigal

Tres poemas (inéditos) de José René Rigal

Mundo Sumergido         

Solos en el mediodía cuando la noche gobierna y todo es noche.

No hay soles en mi casa

y se escucha el gemido de la flor cuando fenece.

Solos en un sitio de tierra adormecida, desarraigado de tiempo,

con dolor de fuego imaginario, piedras cremadas,

díscolos duermen calles y monedas:

espacio reticente ahogado entre mis días,

fatiga cuerpo a cuerpo herrumbrado en mendigos malabares,

¿qué somos, obediencia doméstica o manos tendidas a los pies de la demencia?

Nada queda, solo un injerto de voces crédulas

y el gusano incinerando un espectro de huérfano amatorio.

¿Cuándo quiso el caballo situarse los arreos?

Es falsa la aquiescencia

de cuantos pueblan la epidermis

de un mundo sumergido.

**

Horizonte

De la vergüenza al odio, tirana desventura,

tierra llama de su tierra una voz sobre la ola,

viento y mar en cadencia profunda sajadura,

después del horizonte, raíces, respiro y sudo patria,

ahogado abandono en costa trunca,

semilla de cielo tras el iris luctuoso,

pan el falso movimiento.

Somos obediencia simbólica,

amarga voluntad en el vacío del tiempo,

palabras deshuesadas,

fecundación de áspides,

especies impedidas de mutar,

horizonte que me quedo y nazco.

**

Cuando la lluvia fenece bajo sombra de cristal   

 

Un país no tiene corazón para pensar.

Paisaje humano, simulación de un sitio cubierto de excremento.

El día viene y retorna sumido en la torpeza de las horas.

Todo es morboso, incoherente,

insepulto como piedra adoquinada,

como especies raras que se arrastran

lamiendo las pisadas a frágiles mentiras.

País de norte a sur coagulado en la paciencia de los puños,

desmembrado hasta el último aliento de la casa,

marchito en la profundidad de la palabra.

Seco. Vacío como cuerpo cubierto con sábana blanca.

Impasible, entorpecido, sombrío de polvos y demencias.

Talado en la memoria, en el ardor de espaldas fracturadas,

en la razón de los frutos con la fe de puentes blancos.

Un país se va descalzo, ausente en el espíritu, descosida la esperanza.

Agua que muere bajo sombra de cristal.

Palabras de rodillas, otras penden de rostro imaginario.

Balido como cuando se junta la lluvia a los pies de la montaña:

lluvia muerta, comida de gusanos,

que ya no puede andar sino en harapos.

***

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